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La teología paulina es muy rica en ejemplos que explican cuál es la manera mejor de vivir cristianamente: trata temas de la relación con los padres y con los maestros, política social económica, temas de sexualidad, la oración, el culto… habla prácticamente de todo, y por eso recibe merecidamente el título del Apóstol que dio forma al cristianismo.

De entre todos los temas de que Pablo habla yo solo me centraré en el comentario de dos himnos que pienso que sintetizan el mensaje cristiano, un mensaje de amor. Estos dos himnos son el del capítulo octavo de la carta a los romanos; y el himno de la primera carta a los corintios, llamado el himno del amor.

Himno a los Romanos

¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, la angustia, la persecución, el hambre, la desnudez, el peligro, la muerte violenta…? Como dice la Escritura: “Por causa tuya estamos siempre expuestos a la muerte; nos tratan como a ovejas llevadas al matadero.”

Pero en todo esto salimos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Estoy convencido de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los poderes y fuerzas espirituales, ni lo presente ni lo futuro, ni lo alto ni lo profundo ni ninguna otra de las cosas creadas por Dios. ¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús, nuestro Señor!

Rm 8,31-39

No sé si realmente es necesario comentar este himno, porqué es claro como el agua que bebemos. Nuestra vida está tan íntimamente unida a la vida de Cristo que nada nos podrá separar de Él. El verdadero amor supera todas las dificultades, el verdadero amor atraviesa montañas y valles… por eso nunca debes pensar que estás abandonado, sino que Cristo está muy cerca de ti.

  • ¿El sufrimiento? No nos da miedo sufrir por el amor de Cristo, que es quien primero nos ha amado.
  • ¿La angustia? Hay que ser un poco estoico (no por otra cosa, muchos de los consejos de san Pablo están muy relacionados con la filosofía estoica). ¿Por qué te angustias, por qué tu corazón está nervioso, si sabes que Cristo ha vencido? Deja que Él actúe en tu vida: busca primero el Reino de los cielos, todo el resto vendrá por añadidura.
  • ¿La persecución? ¿La muerte violenta? Si así trataron al maestro, ¿cómo no van a tratar a sus discípulos? Si sigues a Cristo ya sabes con qué dificultades te vas a encontrar, pero como dijimos hace un par de semanas: benditos los perseguidos por mi nombre, porqué su nombre está escrito en el cielo.
  • ¿El hambre, la desnudez? Como nos recuerda Pablo: así realizo en mi cuerpo los sufrimientos de Cristo. Unámonos a su sufrimiento con alegría, sabiendo que Él ya ha vencido.
  • ¿Quién nos separará de su amor? ¿La muerte? El dolor de la muerte nos puede hacer pensar en un abandono de Dios, pero no es así. Quién muere para Cristo nace a una nueva vida con Él.
  • ¿La vida? Y quién permanece aún en este mundo, continúe buscando el rastro de su presencia. Vivir para Cristo es abrazar la auténtica vida, en cambio vivir para uno mismo significa cerrarse y dejarse perder.
  • ¿Los ángeles, los poderes y las fuerzas espirituales? El poder del demonio es limitado, en cambio el amor de Dios es infinito.
  • ¿El presente o el futuro? No sabemos que nos traerá la providencia, pero, aunque sean pruebas y dificultades, todo se supera en la confianza de Aquél que primero nos ha amado.
  • ¿Ni lo alto, no lo profundo, ni ninguna cosa creada por Dios? ¿Adónde va el mundo? ¿Hay algo que permanezca por siglos y siglos? No conozco ninguna obra humana que haya perdurado por siempre; y la creación, al final, está toda dirigida a Dios. ¿Podremos olvidarnos de Él si su creación siempre nos lo señala? No, no te separará de su amor.

¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús, nuestro Señor! Nada nos separará de tener vida en Cristo.

Himno a los Corintios

Si hablo las lenguas de los hombres, y aun las de los ángeles, pero no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que retiñe. Y si tengo el don de profecía, y entiendo los designios secretos de Dios, y sé todas las cosas; y si tengo la fe necesaria para mover montañas, pero no tengo amor, no soy nada. Y si reparto entre los pobres cuanto poseo, y aun si entrego mi cuerpo para tener de qué enorgullecerme, pero no tengo amor, de nada me sirve.

Tener amor es saber soportar, ser bondadoso; es no tener envidia, no ser presumido, orgulloso, grosero o egoísta; es no enojarse ni guardar rencor; es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad. Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, soportarlo todo.

El amor nunca dejará de ser. Un día cesarán las profecías, y no se hablará más en lenguas ni será necesaria la ciencia. Porque la ciencia y la profecía son imperfectas y tocarán a su fin cuando venga lo que es perfecto.

Cuando yo era niño, hablaba, pensaba y razonaba como un niño; pero al hacerme hombre dejé atrás lo que era propio de un niño. Ahora vemos de manera borrosa, como en un espejo; pero un día lo veremos todo como es en realidad. Mi conocimiento es ahora imperfecto, pero un día lo conoceré todo del mismo modo que Dios me conoce a mí. Hay tres cosas que permanecen: la fe, la esperanza y el amor; pero la más importante es el amor.

1Co 13,1-13

El himno del amor contenido en el capítulo 13 de la primera carta a los corintios es un resumen del concepto del amor… pero no puede quedar en ideas, ¡sino que debe hacerse realidad!

De principio a fin la idea principal del himno es que no existe nada más importante que el amor: ni ciencia, ni profecía, ni capacidad de hablar lenguas, ni fuerza, ni poder, ni posesiones… nada tiene ningún valor ante el amor. Todas estas cosas son buenas y nos pueden proporcionar una vida tranquila en este mundo, pero ¿quién quiere una vida tranquila si esta está vacía? Todas las cosas buenas se perfeccionan en el amor, en el poner a disposición del reino los propios dones, ya que no me pertenecen para el propio bien, sino para construir el Reino.

¿Cómo es el amor? Lo dice Pablo, el amor es bondadoso, humilde, misericordioso, solidario, no se enfada, no guarda rencor, no es orgulloso, no es egoísta ni presumido; el amor es justo y busca siempre la verdad. Cuando se dice eso de circuncidar nuestros corazones y no nuestros cuerpos, en alusión a la primera alianza abrahanica, se dice precisamente esto: quien pretenda pertenecer al pueblo de Dios debe eliminar de su actuar toda acción que lo cierre a la comunicación con su prójimo, ya que todos somos hijos en Dios y hermanos en Cristo, todos los hombres y mujeres formamos una gran fraternidad humana en Cristo Jesús.

El himno termina citando las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Pero de estas tres dice que solo permanecerá una: la fe se terminará el día que nos presentemos ante en Señor y lo veamos cara a cara; la esperanza se extingue al recibir el contenido de la salvación que se nos ha prometido; pero el amor no se termina: sea que vivamos sea que muramos, nunca se terminará el amor, ya que el amor es la única virtud que exige una relación recíproca entre dos. La fe y la esperanza son dos virtudes más racionales, si se me permite esta licencia, ya que afectan a nuestro conocimiento; pero la caridad toca la voluntad del hombre, y exige la relación: porque uno no se puede amar a sí mismo, sino que uno ama y puede ser amado por otro.

Conclusión

Solo hay una palabra importante: amor. Con eso lo hemos dicho todo. Vive en Cristo en el amor. Vive para el amor, no para ti, ya que eso no da vida, sino que la quita.

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